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Pantelis, el de los pies ligeros

(Entrevista: Andrés Borrás, Director GFNY Uruguay)

Pantelis Calfopoulos es el ciclista de mayor edad registrado en el GFNY Uruguay 2016.
Correrá el Medio Fondo en la categoría +75 años.
Quise conocerlo y por suerte él accedió amablemente.
Era lógico presentir que Pantelis tendría una vitalidad que no correspondería a su edad y no me equivoqué. Lo que no podía imaginar era un desfasaje tan grande, décadas!
Conocerlo hace ineludible asociarlo a sus antepasados, a los fantásticos héroes de la mitología griega, pues correrá los casi 90 km del Medio Fondo con 84 años. No, no se trata de un error de imprenta.
Pido tutearlo porque extrañamente así me nace y acepta.

¿Cómo fue tu infancia?

Tuve que madurar de golpe, siendo un niño de 10 años viví la ocupación alemana en Atenas, era el año ´41. Fueron años muy difíciles, cuatro, cinco años en que uno luchaba por sobrevivir. En la ciudad se hacía muy difícil vivir, encontrar alimentos, había gente que moría en la calle por falta de ellos. Si bien yo era un muchachito son cosas que uno no puede olvidar.

¿Cómo estaba conformada tu familia?

Éramos mi madre y yo. Mi padre falleció en esos años, siendo aún un hombre joven. En ese momento recuerdo que me dije a mi mismo: “Bueno de acá para adelante, desde este momento, no esperes nada de nadie, tenés que arreglártelas solo…”

Y eso fue exactamente lo que hizo.

En un periplo que comenzó a los 18 años (“de aquel entonces, que no son los mismos de ahora” aclara) cuando ingresó a trabajar en la marina mercante. Lo hizo durante una década, durante la cual aprendió el oficio, conoció el mundo y se hizo hombre. Volvió por última vez a Atenas a dar el examen que lo tituló como Marino y al partir nuevamente ya no regresó.

Pantelis sabe, y lo comparte, que el destino está escrito. Lo sabe porque la pitonisa que leyó la borra de su café días antes de su partida de Grecia se lo predijo en forma implacable, certera, precisa. El destino lo trajo a Uruguay, a enamorarse de Elena, a formar una familia, a hacerse de amigos, a forjar aquí su vida.

“Viví 30 años como griego y 50 como uruguayo. Ya no sé que soy -se ríe- supongo que soy una mezcla “

¿Cómo era el Montevideo al que llegaste?

Nunca había visto una ciudad así, quedé deslumbrado. La gente vestía con elegancia, lo que era 18 de julio! ¡Las tiendas, el London-París, los cafés con orquestas, y si bien yo no entendía el idioma, uno reconocía la amabilidad de la gente! ¡No entendía nada, pero no me quería ir!

Vuelve a reírse y contagia.

¿Siempre hiciste deporte?

No, cuando tenía cerca de 50 años estaba muy mal físicamente, comencé a ponerme en forma corriendo. Primero me puse a leer para aprender y comencé a entrenar. Pesaba 90 kg, fumaba, comía mal, trabajaba todo el día, un desastre! Con el tiempo comencé a correr en la pista de atletismo. Iba todos los días después de trabajar. Al año pesaba 73 kg y al tiempo me llamaban para correr con los veteranos. Nunca más paré de hacer ejercicio.

¿Y cómo llegaste a la bicicleta?

El destino (sonríe cómplice). Un domingo salí con una bicicleta que le había comprado a mi hijo. Tuve un accidente, me llevé puesto un auto que estaba estacionado (risas), me lastimé un poco y se me rompió la bicicleta y en eso estaba cuando pasó un pelotón en el que estaba Oscar Genta, y me preguntaron qué me había pasado y si estaba bien... obvio que nunca les dije lo que realmente había pasado (risas), me daba vergüenza. Genta me arregló como pudo la bici en el lugar y quedamos en que pasaría en la semana por su taller para una reparación a fondo. Así fue.

¿Comenzaste a salir con ese pelotón?

Si, la primera vez fuimos rodando y todos conversaban y yo que me sentía entrenado pensaba “esto es una papa”, hasta que llegamos al repecho del aeropuerto… ahí no los vi más (risas). Seguí saliendo durante años con ellos, me hice amigos, aprendí a andar en pelotón, todo.

¿Te quedan compañeros de esos comienzos?

Si quedan, es la vieja guardia. Nos reunimos todos los sábados de tardecita y seguimos saliendo los domingos. También salgo con otro grupo, el GSM, éstos obviamente mucho más jóvenes. Gracias a la buena onda que tienen de “bancar al viejo” me han ayudado a mantenerme e incluso mejorar. Andan fuerte, por ahora banco, en el llano al menos. El problema son los repechos.

¿Cómo es eso?

Con la edad se baja la capacidad de levantar pulsaciones y para subir un repecho con cierta agilidad, tenés que hacerlo de 165 pulsaciones para arriba. Si tenés menos ya no podes subir a ese ritmo. Esa es la diferencia.

¿Y los cambios de ritmo supongo también?

Los cambios de ritmo se sufren también. Hasta 38-39 km/h aguanto, los otros días en una salida lo hice, pero ya a 42 km/h no llegaba. Ojo, siempre a rueda! Igual hay que tener buenas piernas, si estás bien entrenado con 130 pulsaciones das buena velocidad.

¿Se afecta la musculatura con la edad?

Algo debe de afectar pero por experiencia puedo afirmar que el ejercicio ayuda a mantener la musculatura en personas de edad y por el contrario es el sedentarismo lo que provoca pérdida de la misma.

¿Cuándo sale a rodar con su grupo, es más bien social o empieza social y se torna competitivo?

Siempre es competitivo! (risas). Es así, en ciclismo no existe la salida social. Empieza social, pero luego de 5-20 Km… Y está bien que sea así, eso es lo lindo. El tema es poder aguantar el ritmo del grupo, si lo hacés es un placer, cuando tenía 50 aguantaba todo y lo era!

Pero el grupo, aunque sean amigos, siempre es competitivo; recuerdo una salida, veníamos subiendo el repecho del Peaje, iba tirando y me quedé... esas cosas que pasan… y recuerdo que gritaban “vamos que Pantelis se quedó” y me arrancaron! (risas). Eso siempre pasa, pero así es como se disfruta.

¿Te inquieta algo de la carrera?

Sí, me preocupa la trepada medio en frío de la Ballena. Personalmente necesitaría algunos Kms. previos para llegar bien. Me preocupa perder la rueda de con quienes largue, si logro mantenerme allí, ya no me largan (risas). El tema es que no hay ciclistas de mi edad y ahí los voy a perder, después deberé buscarme otra rueda. Siempre se encuentra una rueda (risas).

¿Me parece que con los de 60 andas bien, o no?

Si, ando, pero me largan. Por ejemplo Jorge Masseroni tiene 68 y anda muy fuerte!

¿Cómo se llega a estar de esta forma (mental y física) a tu edad, es dieta y ejercicio?

Es saber cómo funciona el organismo, al cual vivimos agrediendo. Como no sabemos, lo agredimos continuamente y lo enfermamos. Las células se renuevan continuamente, no es que se detengan con la edad. Lógico, el reloj biológico hace su parte para envejecer, pero la agresión que principalmente hacemos en la alimentación, entiendo es el problema. No es qué comer sino como comer. Nosotros nos enfermamos. Digestión, metabolismo, entender cómo funciona el cuerpo, que es una maravilla, me resulta extraño que no se enseñe en las escuelas.

¿Cómo funciona? Un plato debe tener proteínas, energéticos (carbohidratos) y vitaminas y fibras con las frutas y vegetales. Por ejemplo: si tu desayunas: té, dos tostadas con mermelada y una fruta, comiste sano?

Diría que si…

No, falta la proteína de calidad: carnes, huevos y lácteos. Si no la tiene está mal. No tienes los aminoácidos fundamentales para el cuerpo.

¿Entonces se debe incluir proteína en la ingesta?

Si, si vas a comer siempre tiene que haber algo con alguna proteína en esa misma ingesta. Yo me como una manzana, que está perfecto, pero con un trozo de queso. Si no, todo se termina transformando en grasa. La presencia de la proteína altera e impide ese proceso, ya que cuando la hay, la digestión se comienza a hacer en el estómago. Además comer poco, pero no privarte del placer de comer.

¿Qué llevas en la bicicleta para alimentarte?

Eso es un secreto (risas). Te puedo decir (y lo hace) pero que no se publique... por mi competencia, no lo digo! (risas) Es un secreto profesional.

¿Haces gimnasia complementaria para el ciclismo?

Me guía y muestra una habitación:

Este es mi gimnasio, tengo pesas, barras, bandas elásticas, hago ejercicios de equilibrio, por supuesto estiramiento. Aprovecho los días que están feos para hacerlos. Hago de todo.

Conocer a Pantelis Calfopoulos ha sido un honor, no por su proezas atléticas que son admirables, sino porque uno se percata de su don de gentes en cuanto lo trata. Su alegría contagia. No abunda gente así. Uno ya no lo olvida.

Pantelis, me gustaría salir a rodar contigo, te parece?

Cuando quieras -me sonrió-.

Salimos a rodar al día siguiente, fueron 40 km, los primeros 20 con un considerable viento cruzado en contra del Este que yo, con más de 30 años menos, sufrí bastante.

“Tiramos 1 km cada uno?”- me propuso, y la “puso” a 28!

¡Gracias Pantelis!